Mi Mundo

Este mundo, mi mundo, se engarza invisiblemente en los adentros de todo lo existente por el Mar Reverso Abismo del Sueño. La totalidad de mis esfuerzos van dirigidos al despertamiento de los dones necesarios para una mirada otra, capaz de captar los fulgores líquidos de esa vorágine antigua. Es una entrega desesperada e implacable a la noche que habla, la que es sinfondo oscuro hacia el mar abierto, ancestro oculto de la vida despierta, por la cual lo he sacrificado todo.

La vida imaginativa autónoma –de la cual el sueño y la visión son las manifestaciones más contundentes–, triste y trágicamente confundida por miopía anímica con la fantasía caprichosa, sometida al indigno plano de lo irreal, se torna entonces terreno incandescente y fecundo para la expresión, ya no solo de lo propio, mal imaginado por herencia atroz como individualidad cerrada y escindida, sino también del territorio y los seres que lo componen: la zona del posible reencuentro con las interioridades de lo(s) otro(s). La captación de la imagen o voz soñada deviene así en la más honda forma de conocimiento, capaz de entrelazarnos misteriosa y afectivamente a la profundidad del resto de lo viviente, al Alma de los Mundos.

Todo nictálope habrá visto que el cordón a la madre nunca se cortó: devino invisible. Y nos une ahora a la Gran Madre de los Relámpagos, la temible, la que con poderosos rayos elige y obnubila a sus hijos visionarios, no sin antes mutilarles las extremidades de termita para devolverlos humildes a la ronda ritual de los existentes que supieron seguir danzando en equilibrio y reciprocidad. Diosa negra de azules turquesas, tutora de espantos y fascinaciones, serpiente de infinitas pieles, ¡Imaginación!; luego de dos mil años y tras haber devorado a ese nefasto padre del desierto que se creyó fuera de ti para negarte, regresas triunfante para desplegar tu cuerpo de imágenes resplandecientes ante los ojos extasiados de tus adeptos, al fin inmersos en tus auras de significado y propósito. 

Este mundo, mi mundo, es canto que no es mi canto, sino el eco musical de aquel océano indígena de tiempo otro; la huella esplendente de un poseído que reafirma incansablemente el diseño de lo maravilloso en el gran tejido. Aquellos que aún IMAGINEN REALIDAD, sabrán ver en este trazo meándrico hacia el bosque perdido, Sangre Magma del Mar Inicial


 

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