Análoga a la flor romántica adivinada por Novalis en los lindes de su noche azul; análoga a la flor mandálica, fruto y semilla del proceso de individuación del que habló Jung, y que únicamente despunta al trazar la vida con la Sangre de los Sueños; emparentada también con las flores habitadas por presencias invisibles que aún perciben los sabios y visionarios indígenas, esta flor, como la de Novalis, también esconde un rostro. Y exige, entonces, ser acunada como persona.
Surge sutil desde un océano de azules turquesas imposibles, señalando la vía justa: la del diálogo con todo lo existente, siempre atento a su (re)verso.
Flor análoga, flor marina de sublime incandescencia, anhelo y triunfo de la vida poética, la que es cuento maravilloso, auténticamente significativo: por verte crecer en mi mundo, por ver tus canciones-polen abrir mundos en los de alma fértil, lo pongo en riesgo todo.
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